¿Qué es la meditación?

Llamamos “meditación” a la práctica de la “atención”. 

La palabra “meditación” equivale, muy aproximativamente, a dhyana en sánscrito. 

En pali –lengua más popular, usada por el Buda- dhyana es jhana

Cuando el budismo pasó a China, jhana se tradujo como chan

Luego, ya en Japón, se convirtió en zen.

La palabra “meditación”, entonces, nombra un “estado de la conciencia”: la conciencia autoconsciente

 A falta de otra palabra, seguimos usando “meditación”, e incluso decimos que “hacemos meditación”. Pero es muy poco acertado emplearla precedida por el verbo “hacer”. Porque nadie puede “hacer meditación”, desde el momento en que ese estado de conciencia se da precisamente cuando un individuo ya no se identifica con el “yo hacedor”, cuando se desprende de esa identidad con el que hace.  

Como decía más arriba, también cabe usar la palabra “atención” (sati, en pali, traducible asimismo como “notar” o “darse cuenta”). 

En inglés se utiliza la expresión mindfulness (atención plena).

 

MEDITACIÓN Y AUTOCONOCIMIENTO

La práctica de meditación es una valiosa herramienta de autoconocimiento. 

El saber acerca de algo es fruto del estudio teórico; el auténtico conocimiento es, en cambio, una toma de consciencia y se produce a través de la experiencia.

En la tradición budista zen la transmisión de conocimiento se realiza en silencio: “de corazón a corazón”. Por ello, si bien en muchos momentos no se habla, siempre está presente la actitud que acompaña a la práctica. 

A esa actitud bien podríamos calificar de “amorosa” o “compasiva”. 

La práctica de la atención, pues, es también la práctica de una actitud.

 

¿PORQUÉ PRACTICAR MEDITACIÓN?

La experiencia de la práctica meditativa -y los estudios científicos que de ella se han hecho- demuestran que la práctica de la atención proporciona: 

  • mayor eficacia en la percepción de los procesos internos;  
  • fluidez en las relaciones personales y profesionales
  • sentimiento de creatividad en todas las acciones; 
  • sentimiento de existencia no rutinariaconfianza responsable, en sí mismo y en el grupo de pertenencia; 
  • trabajo sin estrés
  • auto evaluación responsable
  • mayor capacidad de escucha
  • mejor comunicación del propio sentir; 
  • reconocimiento del propio potencial creativo
  • confianza en la propia capacidad de aprender y de transmitir el conocimiento;
  • organización y expresión del saber; 
  • mejoras en la atención, concentración y asimilación.

 

Jorge Zentner

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