Cuerpo

El cuerpo es nuestro templo. El vehículo que habitamos.  El hogar del espíritu que un día abandonaremos. A lo largo de la vida hemos de cuidar nuestro cuerpo, manteniéndolo sano y en forma.

Muchos piensan que el sentido de practicar yoga es cuidar el cuerpo, para convertirlo en objeto de deseo, como bella materia modulada por las posturas. Nada más lejos, porque el yoga no busca lo estético y superficial sino la profundidad de la persona que se auto descubre gracias a su práctica. Recordando el sentido holístico e integrativo del yoga, diremos que el cuerpo es importante en tanto incide en la mente y el espíritu. Tal y como es tu cuerpo, es tu mente. Cuerpo flexible, mente flexible. Cuerpo polucionado, mente tóxica.

En el yoga como filosofía de vida no buscamos el cuerpo perfecto. Es cierto que difícilmente un yogui o practicante de yoga va a ser obeso. La práctica moldea el cuerpo, alarga la musculatura e incrementa la flexibilidad. Estos son algunos de los resultados visibles de practicar yoga, pero en ningún caso, buscamos un cuerpo para gustar. Esta es una filosofía de algunos centros que incluyen el yoga como algo contenido dentro del body building. Es una práctica lícita pero no está en sintonía con el concepto clásico del yoga. No obstante, hay que tener en cuenta que el yoga que se filtró en occidente a mediados del siglo XIX, se impregnó de la influencia de la gimnasia sueca, incorporando un marcado énfasis por las posturas físicas. El yoga primitivo dedicaba más atención a centrar la mente. Sin embargo, aquí en el moderno mundo industrializado necesitamos trabajar el cuerpo para llegar a la meditación. Igualmente, sentimos fascinación por moldear nuestro cuerpo. Nos gusta estar delgados y tener buena presencia, siguiendo los dictados estéticos del momento.

Vivimos bajo la tiranía del cuerpo bonito, creando enfermedades mentales como la bulimia o anorexia, causadas por la frustración de personas que no pueden tener la imagen corporal que impone la sociedad.

De otra parte, somos víctimas de la comida basura, envasada, congelada, lista para comer rápido y a bajo coste. Ésta contiene componentes grasos que no hacen más que engordarnos. Hay dietas como la mediterránea que hasta ahora parecían a salvo, pero cada día crece el grado de obesidad por todo el mundo. Incluso los asiáticos con su sana dieta de arroz van cogiendo peso. En este terreno habría que poner límites, no por criterios estéticos sino saludables. Un cuerpo inflado padece y corre el riesgo de infartos, diabetes y otras enfermedades que indican que algo no funciona bien.  Sin duda, el yoga puede entenderse como un regulador de salud corporal pero no olvidemos que éste es sólo uno de sus vértices. La visión holística e integral es la base del yoga.

Como dice Iyengar “el yoga es una ciencia pragmática y atemporal, desarrollada a través de milenios que trata del bienestar físico, moral, mental y espiritual del hombre como un todo.”[1]

Respecto al cuerpo, me gustaría dejar claro que todos los cuerpos pueden practicar yoga. Tengo excelentes yoguis que doblan sus caderas y se pliegan en el suelo porque poco a poco, han ido estirando su musculatura. Igualmente, tengo practicantes que por edad no llegan o jóvenes cuyos fuertes músculos les limitan la flexibilidad. 

Cada persona nace con un cuerpo distinto. Esto es algo que puedo ver cada día en clase cuando imparto. Hay gente a la que le es muy fácil hacer flexiones espinales abriendo el pecho y curvando las lumbares, y otros que están rígidos como un palo no alcanzan esta postura. En cambio, éstos últimos pueden doblarse desde la cadera para tocarse la punta de los pies con la mano. No hay una regla escrita y cada día es diferente. Incluso el que lleva muchos años de práctica, tiene momentos en los que su cuerpo no le escucha o posturas que se le resisten eternamente. En mi caso, siempre he tenido dificultad para realizar el estiramiento, una asana intensa en la que estando sobre la espalda, elevamos manos, piernas y cabeza unos treinta grados por encima del suelo. En cambio, hay posturas que con la práctica se van asumiendo y perfeccionando.

Básicamente, lo que no hay que hacer cuando se practica yoga en grupo es no comparar ni ponerse exigencias. Hay que saber escuchar al cuerpo y parar cuando es necesario, antes de volver a construir la postura. Digo escuchar al cuerpo porque la mente es una tramposa que en una práctica intensa siempre quiere parar antes de tiempo. A ella, hay que dejarla, a ver si abandona su discurso.

Cuando trabajas tu cuerpo, estás vitalista, centrado, inmune y más conectado con la realidad que te rodea. Un cuerpo tóxico es pesado, lento, de visión difusa y presa fácil de recompensas que nos evaden como la sobrealimentación o las drogas. El cuerpo necesita hábitos saludables y una alimentación consciente. Somos los que comemos y no me refiero sólo a alimentos sino a todo lo que consumimos. Noticias, series, películas, lecturas, imágenes. Algo sobre lo que profundizaremos cuando hablemos de la sutilidad del alma. Antes, vamos a repasar las bases de lo que el yoga entiende como puntos cardinales del cuerpo.

Alexis Racionero Ragué

Extraído de Yoga, una filosofía de vida (Ed Siglantana, oct 2021)

[1] Iyengar, B.K.S. La luz del yoga, Kairós, Bcn, 2016. p. 13.

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